
Cansado de siempre lo mismo, un día pensé en largarme y ver cosas. Mientras más vueltas le daba, mas dudaba. Deje que mi corazón pensara; y me tire a la piscina…
Así que vendí mi coche, organice muy poco, me compre una mochila y un billete de avión a Moscú . Recorrí miles de kilómetros en el Transiberiano. Me baje para cruzar a Mongolia. De Norte a Sur. Conviví con los nómadas y grité de alegría y asombro entre huesos prehistóricos perdidos en el desierto del Gobi. Pase a China y percibí atontado su carrera desbocada hacia lo que llaman civilización. Tenemos que darnos prisa para verla antes de que desaparezca lo bueno que queda. De allí a Japón. Que gente tan diferente a nosotros... Un vuelo a la maravillosa Sidney y tres semanas como grumete de lujo en un catamarán recorriendo la Gran Barrera de Coral. Inolvidable. Nueva Zelanda: Paisajes y muy buena gente. En medio del Pacifico, un mes en Fulaga, una isla perdida al sur del Archipiélago de Fiji. El primer hombre blanco en siete años. El paraíso en la Tierra.
Y la parte más intensa: Africa, el continente oscuro. Subida al Kilimanjaro, viaje en auto-stop a los parques de Serengueti y Ngorongoro. Malawi y Zimbawe: Parques nacionales y naturaleza salvaje. Miseria. Las espectaculares Cataratas Victoria y un salto al vacío desde 111 metros en el puente a Zambia. Rafting y river-boarding en el Zambeze con Juan y Eduardo. Más auto-stop hasta el Delta del Okavango, Botswana: a correr “detrás” de los leones. Namibia con sus inmensas dunas y surf en la arena. El paisaje lunar de Soussusvlei. Africa del Sur y la peligrosa Johannesburgo.
Gran salto y avión a AFRICA OCCIDENTAL: Aterrizaje en Togo y unos dias con el misionero Pepe “Schwazenegger”. Benín y la ceremonia vudú que me dejo bastante malito. Burkina Faso y la Copa de Africa de Fútbol. Mali, Djenne y el alucinante País Dogón. Ghana y sus Castillos en la Playa. Para terminar, la decadente Abidjan en Costa de Marfil.
Desde entonces no soy el mismo. Y me alegro enormemente.